Fausto.
Vida andante, vacilante, huidiza y que siempre camina de frente. Conllevas alegrías, penas, risas, llantos, letargos y sobresaltos.
Te engancha y te hace dependiente, te aferras a ella y la quieres como no querrás a nada más. Pero casi no te das cuenta y ésta se fue en un suspiro, y en un abrir y cerrar de ojos no hay más despertares, si no un sueño eterno que no es más que el fin del viaje de ese billete de ida que es la vida. A pesar de todo, al final, en el último instante, te vuelves un adicto a ella y no quieres dejar de viajar y llegar a la próxima estación, pero ya es tarde, ya no podrás visitar aquellas estaciones por las que transitases antaño y no reparases, ni las disfrutases y ni siquiera vistes.
Y toda ella, la vida, la nuestra, no es más que un resumen de todas las vidas habidas y por haber. Ninguna vida es igual, no en todas ocurren las mismas cosas, unas más felices según lo que nos enseñaron a entender por felicidad y otras más tristes, con aquella educación sobre la tristeza. Sin embargo, todas ofrecen lo mismo, un billete de ida y unas estaciones que visitar.
