La nada
Alcé la vista delante de mí, nada. Chillé al silencio esperando respuesta, nada. Anduve dentro de mí cabeza, nada. Busqué respuestas allí dónde no podía encontrar nada más que el eco de mi voz, voz que me sonaba desconocida. ¿Cómo suena un árbol que cae en mitad del bosque cuando no hay nadie cerca que pueda escucharlo?
Alcé la vista para encontrar lo que ya tenía, nada.
Y nada quiero, pues nada tuve y con nada aprendí a vivir. Con nada llegué a ser feliz, pues a eso me acostumbré desde niño.
A veces siento y luego me doy cuenta de que ya sé que no puedo cambiar, que es lo que soy y lo que tengo. Si la nada es mi hogar, si la soledad mi hermana, sangre que recorre mis venas, no es posible que yo pueda convivir. La nada es egoista, un matrimonio conmigo, personal y que no se puede compartir, celosa de mí y que no me abandonará, mi poseedora y dueña.
La nada hace que no entienda, que no comprenda, que no escuché aquello que simple parece de asimilar. Es la nada la sirena que me canta, me llama y me espera para devorarme.
Un motivo que ciega e hipnotiza. La causa que me incapacita para estar vivo.
A ella me debo, como un drogadicto sumido a su dependencia. Y no aprenderé a salir de ella, mi cura no ha sido inventada. Mi felicidad es.
La nada.



laurencia19 dijo
Hola, mmmmm muy interesante escrito...me sumergí en su lectura y llego a dos conclusiones, si se trata de literatura es muy buena y si además se revive una vivencia personal debo decirte que en esa nada de la que hablas percibo una excelente siembra y una mejor cosecha...
Cariños.
26 Diciembre 2007 | 12:34 AM